Nuevas tendencias que se superan a diario

Recorriendo la web en busca de notas interesantes descubrimos una tendencia, la del DIY, en inglés Do It Yourself o Hágalo Usted Mismo en español. Esta moda se basa en intervenir productos para darles un estilo personalizado.

La idea no es nueva, desde hace muchos años que en las escuelas y colegios los chicos solían hacer sus propias tapas para las carpetas y cuadernos. En ellos se podía ver elaborados collages hechos con figuritas coleccionables, recortes de revistas con las bandas de música o artistas favoritos como también maravillosos dibujos hechos a mano por los compañeros más virtuosos en el tema. Las cartucheras también solían ser intervenidas por obras de arte hechas en lapicera, marcadores y líquido corrector. Hoy la creatividad no se quedó limitada a estos dos elementos básicos y se volcó a meterle mano a cuanto útil escolar encontraron en el camino.



Para muchos entrar a una librería es una experiencia casi trascendental. Enamorados de la interminable variedad de productos, colores y versiones, hay quienes pasean por las góndolas deleitando la mirada con los sacapuntas en forma de patitos, cuadernos con tapas ilustradas en alta definición o cajas de lápices de tantos colores que desafían el espectro de luz visible. Pero incluso esa gran variedad que ofrecemos en nuestras sucursales parecen no satisfacer las exigencias de los amantes del surtido. Ellos necesitan darle su propio toque personal a cada uno y para ello se sientan horas a customizar los útiles que luego van a ir a parar a sus mochilas y cartucheras.



La experiencia de una mamá preocupada

Hablando con una mamá nos contó las penurias que pasaba año tras años con el tema de los extraviados útiles que desaparecían de las mochilas como si un regimiento de duendes entrenados los estuvieran esperando dentro del aula.

 

Intenté cuanta idea me contaron, desde pegarles etiquetas con el nombre, comprar cartucheras organizadoras e incluso hacerles un pequeño orificio en la parte posterior de los lápices para poder pasarles un hilo medianamente largo para mantenerlos unidos. Todo fue en vano ya que al final del día no volvían ni los hilos y mucho menos las tijeras con las que sospechaba los había separado.

 

Al llegar al receso de invierno esta mamá preocupada por la economía familiar hacía sus números y caía en la cuenta de que había tenido que comprar dos y hasta cuatro veces los mismos útiles.

Hasta que un buen día Sábado descubrió a su hija menor, estudiante de cuarto grado de la primaria, observando atentamente a su hijo mayor, alumno de segundo año de la secundaria. Estaban sentados en la mesa en completo silencio. Si alguna vez los había visto juntos así era cuando estaban viendo televisión y la quietud duraba apenas lo que tarda en llegar una publicidad a interrumpir el milagroso programa que logró captar la atención de ambos.

Se asomó sigilosamente y estirando el cuello desde lo lejos, para que no notaran su presencia, se sorprendió al ver la actividad en la que andaban tan concentrados. Su hijo había tomado un lápiz de carbonilla recubierto de pintura amarilla y estaba tallando delicadamente minúsculos dibujos en los lados. Debía de llevar un par de horas porque tenía casi cubierta la totalidad del lápiz con pequeñísimas formas de animales intercaladas con frases escritas y diminutos símbolos como flechas, estrellas y caritas felices. A fin de no interrumpir tan preciada calma los dejó solos pero la imagen le quedó dando vueltas por la cabeza largas horas por varios días.



Una grata sorpresa en la mochila

El Lunes por la mañana mientras la hija desayunaba se dispuso a armarle la mochila y vio que entre los pocos útiles que le quedaban estaba el lápiz decorado. Lo guardo en la cartuchera y sin hacer mención alguna al respecto continuó con la rutina matutina de llevarla a la escuela. La sorpresa llegó el día viernes cuando buscando el cuaderno para revisar que tuviera hechas todas las tareas se encontró con que le quedaba un solo útil escolar. Era el lápiz. Eso le dio la pauta de que existía una forma de re valorizar los elementos que con tanta facilidad se perdían.

Ese mismo fin de semana pasó por nuestra sucursal de Av. Santa Fe e hizo una compra general de útiles escolares en las que incluyó algunos elementos extra para decoración.

La lista incluía:

  • 1 Caja de 12 lápices largos de colores
  • 1 Caja de 6 marcadores de colores comunes
  • 4 marcadores punta fina indelebles
  • 2 Lápices negros
  • 1 Goma de borrar con funda de cartón blanco
  • 1 Paquete de papeles metalizados de colores
  • 1 Boligoma
  • 2 Tijeras, una para niños y otra para adultos.

 
Y con todos esos materiales esparcidos sobre la mesa se prepararon para pasar juntas una linda tarde de sábado. Entre chocolatada y galletitas fueron decorando uno a uno todos los útiles con mucha inventiva, libertad de ideas y creatividad.

 

Nos ayudamos bastante con videos de youtube que veíamos desde la Tablet. Sacamos muchas ideas que adaptamos a lo que teníamos a mano. Hacía tiempo que no pasábamos un momento tan relajado juntas y descubrí que ella tenía una inclinación hacia las actividades artísticas.


Creamos un frankeinstein hermoso 

El resultado de este experimento fue más que evidente. Habiendo pasado dos meses la pequeña conservaba casi todos los útiles. Además, en pocos días se había vuelto la sensación del curso. Las compañeras empezaron a copiar la idea y hubo una gran sorpresa más:

 

Un día encontré en su cartuchera dos lápices de colores con un estilo de diseño completamente diferente. Le pregunté al hermano si era obra suya pero contestó que no tenía nada que ver. Entonces me acerque a mi nena y le dije – Y estos dos lápices de dónde salieron -. La respuesta me dejó encantada – Son de Lali – me dijo – se los cambié por dos míos pero no te preocupes! Son del mismo color que tenía-.

 

Al parecer había nacido una nueva moda en el aula entre las chicas y era la de darle valor agregado a las cosas para luego intercambiarlas. Ya no se escuchaba más el “préstame un lápiz”. En cambio se empezaba a escuchar “te lo cambio por este” o “mañana hablo con mi mamá y te venís a casa así los hacemos juntas”

Muchas cosas resultaron poder enseñarse a través de algo tan simple como unos cuantos lápices que pasaron de ser robados por duendes a convertirse en preciados tesoros de las alumnas.

Si te gustó la idea te dejamos un par de videos para que conozcas mas sobre todas las posibilidades que te ofrece el DIY. Animate a hacer los tuyos y contarnos cómo te fue!